Sin dudas que la carne en la mesa de los argentinos ocupa un rol muy importante, sin embargo el consumo de la misma (carne) sufrió muchos vaivenes, tanto en materia económica, precios relativos y el mayor volumen de exportaciones hace que este producto de primera necesidad en el primer semestre de este año haya tenido una caída del 11%.
De acuerdo al último informe de la Cámara de la Industria y el Comercio de la Carne y Derivados de la República Argentina (CICCRA), el abastecimiento de carne en el mercado interno retrocedió un 11,5%. El consumo se ubicó en 1.019.430 toneladas res con hueso, casi 132 mil toneladas menos que en el mismo período del año pasado. Este fue el peor semestre de los últimos 30 años.
La explicación es sencilla, cayó el poder adquisitivo de la ciudadanía, y como la carne continúan aumentando, la gente busca otras opciones. Del mismo modo, acerca de so, el consumo per cápita el año pasado se situó en 47 kilos por habitante al año, un nivel de 8,2% inferior al que se registró el año pasado, lo que significa una caída de 4,2 kilos menos por persona.
La carne continúa aumentando y hay menor poder adquisitivo
Según el informe de CICCRA manifiesta que “el abastecimiento del mercado doméstico experimentó una caída de 11,5% anual, producto del menor poder de compra de los hogares, explicado por el aumento que registró el precio relativo de la carne vacuna en el último año”. De todos modos, explicaron que el alza de precios no fue pareja en todos los cortes de carne, pero sí generalizada.
Y es que de acuerdo a los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) y CICCRA el rubro de la carne y sus derivados sumó una suba de un 45% en el último año, muy por encima del 33,5% que registró el índice general de precios al consumidor en el mismo período. En ese aspecto, los cortes de carne vacuna fue el que más se incrementó con una suba de 53,6% anual, entre tanto, el pollo entero, que se podría decir que es un “reemplazo” de la carne vacuna, subió de forma más paulatina, es decir 29,9% anual. Esta brecha ayuda a explicar por qué buena parte de los consumidores reduce las porciones de carne vacuna o se inclina por otro tipo de carne.
Baja producción y más exportaciones
La caída del consumo interno de la carne vacuna no es como consecuencia nada más del aumento de carne, sino que influyó la dinámica de la oferta. En este primer semestre del año se faenaron 6,02 millones de cabezas de ganado vacuna, 8,9% menos que en el mismo período del año pasado, y en el marco de un proceso de menor disponibilidad de hacienda para faena que la industria venía atravesando desde hace mucho tiempo. Es más, esta menor faena se tradujo en una producción de la carne vacuna de 1,428 millones de toneladas, con una baja de 6,2% respecto a igual semestre del 2025.
Pero la producción no cayó al mismo tiempo que el consumo. Como consecuencia de esto las exportaciones de carne juegan un papel muy importante: en el primer semestre del 2026, sumaron 408,6 millones de toneladas, un 10,2% más que en el mismo período de 2025. Lo que significa que, del total de carne vacuna, que se produce en el país, una porción mayor que en años anteriores se destinó a la exportación y una porción menor quedó para el consumo interno. De acuerdo a CICCRA, la producción que se destinó para exportación pasó de un 24,4% a 28,6% entre un semestre y otro y la que quedó para consumo interno se redujo de 75,6% a 71,4%.
El consumo interno más baja en tres décadas
Si observamos la serie histórica que se remonta a mediados de 1990, el primer semestre del 2026 aparece como el más bajo en materia de consumo de carne vacuna. Ni siquiera los años más complicados de las últimas tres décadas, marcados por crisis económicas o por procesos de liquidación de hacienda, habían registrado un nivel de abastecimiento doméstico tan bajo como el de este año.
Hay que decir que, al tratarse de una serie que la propia cámara actualiza y corrige con el correr de los tiempos, los valores más antiguos pueden sufrir ajustes menores en informes futuros. De todos modos, la tendencia de fondo resulta clara: la primera mitad de este año registró un piso histórico para el consumo de carne vacuna en el país.
A su vez, este resultado se da en un contexto muy particular. Es más, en los últimos informes de CICCRA viene señalando que la ganadería argentina podría estar transitando el final de una fase de liquidación de existencias que se extendió por tres años, en la que los productores enviaron a faena una proporción mayor de hembras de la habitual. En los últimos meses, ese proceso mostró signos de desaceleración, lo que eventualmente podría traducirse, más adelante, en una recomposición del rodeo y en una mayor disponibilidad de hacienda. Pero, por el momento, esa transición todavía no impactó en el nivel de consumo, que continuó retrocediendo.
Hay que recuperar el consumo
Por último, lo cierto es que la combinación de menor producción, mayor participación de las exportaciones y precios relativos más altos terminaron configurando el escenario menos favorable de los últimos treinta años para el consumo de carne vacuna en la Argentina. Es más, el informe de CICCRA ilustra esa dinámica también al nivel de cortes específicos: en la comparación interanual a junio, la carne picada común fue lo que más aumentó de precio, con un 56,2%, seguida por el asado, con un 54,3%.
Ambos son cortes de alto consumo popular, lo que ayuda a dimensionar por qué la caída del abastecimiento interno no se distribuyó de forma pareja, sino que golpeó especialmente a los productos que usualmente integran la dieta cotidiana de buena parte de los argentinos y argentinas. Es más, para que el pueblo argentino recupere niveles previos será clave la evolución del poder adquisitivo y decisión de la industria sobre el destino de la producción.
